-O.k. man, the truck is ready. Ten cuidado con el hada de los abismos; dicen que es fatal, asesina a los conductores que se duermen en el camino.
-No me vengas ahora con esa mierda. Ya sabes que soy un marinero de tierra y mis ojos son un tizón inapagable. Nunca me duermo en carretera. Bye.
-No me vengas ahora con esa mierda. Ya sabes que soy un marinero de tierra y mis ojos son un tizón inapagable. Nunca me duermo en carretera. Bye.
Marlon Crowe es motorista y casi toda su vida la ha atravesado por las montañas rocosas de Columbia y Montana. Conduce un camión Ponsa a las dos de la madrugada; no pestañea, hunde la noche a través del parabrisas, sus venas obedecen al pulso del timón, el timón esquiva las injurias de las piedras. Pero siente que un rumor adormece poco a poco las luces del vehículo, algo como un ronco silbido de insectos. Las farolas delanteras no responden y Marlon detiene el camión, dejándolo encendido a una orilla de la carretera.
Marlon Crowe es negro, más negro aún cuando se apea de su bestia motorizada y carga con los lirios de la noche en sus hombros. Las farolas han sido ahogadas por una masa alada de insectos, ¿abejas?, ¿zancudos de río? Los animales son gruesos y al aletear esparcen un polvillo rosado que irrita los ojos de Marlon. Aquel polen es agridulce como la piña del trópico y cuando toca los ojos del hombre le sella los párpados y destruye su olfato. El motorista entra en pánico, el capitán de un Ponsa no puede ser ciego; “es como perder un round con la muerte en plena carretera”, le gusta decir cuando bebe cerveza en los markets de las gasolineras. Oye una vos. Ese manantial sonoro solo puede correr por la tráquea de una mujer. “Soy un hada”, alcanza a escuchar. What the fuck… No pudo pensar el resto porque la mujer le acarició el oído con un soplo de sílabas heladas: “¿quie-res-ha-cer-mel-a-mor-so-brel-cha- sis?” Por supuesto… pero Marlon no cree semejante tontería, así que sin luces intenta anclar un puñetazo en el rostro de la mujer. Ella le detiene esa mano maciza con algo tibio, como un paño de agua hervida. Yo tampoco veo nada, así que no puedo decir cómo es ella, pero estoy seguro que es un hada. Marlon Crowe intenta correr pero sin saber cómo, aquella mujer le impronta un cálido y jugoso beso en la boca. “¿Te gusta hacerlo a ciegas, no?”, le susurra la acosadora mágica mientras le deshilacha la bragueta. El negro de fuerzas húmedas y cuadradas, ya erecto, le atenaza la cabeza con sus manos de oso boreal pero siente un líquido incandescente que le enjuaga el vientre y lo excita. Marlon entiende que no hay escape y se entrega. Lamidos van, lamidos vienen; él embiste con su saliva, ella contraataca con su ardiente polen; se muerden los cuellos, se destruyen las alas, las abejas zumban, los zancudos estallan. Las cenizas encendidas de los insectos convierten el camión en una llamarada pero los cuerpos están en el fragor del embeleso. La noche es un caldero de sudores y el negro perfora con la potencia de su pica las doradas carnes del hada mortal. El fuego se escurre hasta el tanque de gasolina y un segundo antes del estallido, Marlon Crowe despierta para ver el inmenso cerro de su entrepierna quemado por un cigarrillo. Iba a gritar pero las llamas ahogaban todo el ámbito, convirtiendo el camión en un meteoro de chatarra que se sumergía en los voraces abismos de las montañas rocosas.
Resultado del taller Solo vine a hablar por teléfono.
Por: Federico Bal.
Ejercicio basado en el taller de "Solo vine a hablar por teléfono" G.G.M.
0 comentarios:
Publicar un comentario